• La mayor cualidad directiva es congregar visiones y objetivos en una causa común

    3. Grad. PT-FT-MGO - Ceremonia-487

    Tres promociones de maestrías del PAD–Escuela de Dirección se graduaron el pasado 23 de febrero, en una significativa ceremonia que congregó a familiares y amigos de los egresados del Master Part Time, Master Full Time y Maestría en Gobierno de Organizaciones.

    La ceremonia de graduación contó con la presencia de los directores de las maestrías, Jorge Arbulú Carrasco, Fernando Ruiz Lecaros y Mario Acosta Dávila y del decano de la IAE Business School de Argentina, Rodolfo Rivarola. Asimismo, participó el director general de la Escuela, José Garrido-Lecca, quien brindó un interesante discurso a los recién graduados, en el cual destacó que la mayor cualidad directiva es congregar visiones y objetivos en una causa común. A continuación reproducimos su exposición.

    Como en toda ceremonia de graduación la ocasión amerita que, en primer lugar, les exprese mis más sinceras felicitaciones. Concluyen hoy una experiencia aleccionadora y trascendental en sus vidas.

    Pero, más allá de ello, quisiera extender este saludo a quienes han compartido este desafío con ustedes: sus familias, quienes hoy nos acompañan y que son ese ineludible soporte que toda persona necesita.

    El tiempo con nosotros, entre clases, casos, lecturas o exámenes no solamente los han hecho pasar por largas horas de esfuerzo y estudio, sino que también los han llevado por el camino de una transformación personal. Han recibido las pautas que les permitirán no solo ser mejores directivos, sino mejores hijos, esposos, padres, hermanos. En resumen, ser mejores personas.

    Y es sobre la idea de la persona, de sus motivaciones, sus aspiraciones, sus legítimos intereses y su rol dentro de la organización, sobre las que me gustaría compartir algunas reflexiones.

    Si hay algo que ha sido transversal a su formación, sin importar si formaron parte del MBA Full o Part Time, o de nuestra Maestría en Gobierno de Organizaciones, es que todos, sin excepción, saben que poner a la persona en el centro del proceso de toma de decisiones directivas es, más que un requisito para el éxito, una obligación moral.  

    Y es que, en escenarios como el actual, donde las relaciones humanas y profesionales se caracterizan por ser efímeras y hasta podríamos decir “descartables”, son ustedes los llamados, desde su posición directiva, a generar el compromiso de los equipos de trabajo a su cargo.

    Dicen que las personas no renuncian a las empresas, sino a sus jefes. Una afirmación muy dura, que encierra un mensaje de pérdida de fe en la figura del directivo, del líder. Es cierto que las altas responsabilidades y la posición estratégica que debemos asumir, para el buen funcionamiento de las organizaciones, nos llevan en muchos casos a analizar el entorno, los grandes procesos y las frías cifras y olvidamos que, quizás la mayor tarea de un directivo es liderar.

    Y se lidera con el ejemplo, con la motivación, con disciplina, corrigiendo con firmeza, pero comprendiendo que cada persona es un mundo particular, con sus circunstancias, historias y proyectos propios.

    Quizás la mayor cualidad directiva sea el saber congregar esas visiones y objetivos distintos, y ponerlos al servicio de una causa común. Una causa que sea lo suficientemente motivadora y que, al mismo tiempo, tenga un propósito que satisfaga al colaborador y dé trascendencia a su labor.

    La realidad sin embargo es, en muchas ocasiones, lejana a ese deseo.

    Una investigación de Gallup, recogida por el World Economic Forum, asegura que el 70%  de empleados se siente desmotivado por su trabajo; una cifra similar, según el mismo estudio, asegura que esa motivación debería nacer de sus jefes, lo que representa una tremenda responsabilidad de la que debemos ser conscientes.

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    A pesar de ello, en ocasiones perdemos de vista un precepto que debería guiar nuestra acción directiva: solo un equipo humano comprometido, con un liderazgo sólido, es capaz de navegar con seguridad y firmeza por aguas turbulentas y sacar el mejor provecho de mares calmos y fértiles.

    No somos solamente responsables, por tanto, de las cifras, los éxitos empresariales y los grandes deals; somos, querámoslo o no, responsables de la felicidad y el desarrollo pleno de las personas detrás de estos logros, pues su felicidad, compromiso y talento es el único camino para la sostenibilidad de nuestras organizaciones.

    La transparencia, la humildad, el reconocer el necesario balance entre la vida laboral y personal, la capacidad de ser firme sin humillar, la intolerancia a la mediocridad, el saber reconocer y celebrar los logros y la capacidad de gestionar las reglas, sin romperlas, son prácticas que debe observar todo aquel llamado a liderar.   

    Al cumplimiento de estos preceptos, que son en sí mismo complicados, se suman los desafíos de mercados híper conectados, donde la crisis económica de finales de la década pasada no solo desnudó la fragilidad de los sistemas financieros, sino también serias faltas a la ética y la moral, así como la codicia de los directivos de importantes organizaciones.

    Hoy, vivimos en una etapa signada por la transparencia y la velocidad de la información,  donde el carácter particular de las nuevas generaciones, los famosos “millenials”, quienes han nacido y vivido en un país totalmente distinto al que nos enfrentamos quienes estudiamos, trabajamos o hicimos empresa durante épocas de hiperinflación y terrorismo, supone un gran reto.

    Son estas nuevas generaciones a las que debemos gobernar con sapiencia y rectitud. Y es en este punto que quisiera tomar prestadas algunas reflexiones que nuestro director de Relaciones Institucionales, Rafael Zavala, realizara en un reciente artículo publicado en Harvard Deusto Business Review.

    Asegura Rafael que los millenials están acostumbrados a lo inmediato y necesitan constantemente ser estimulados; suelen ilusionarse con metas a corto plazo y, de acuerdo a la etapa vital en la que se encuentren, en ocasiones priorizarán su vida privada y familiar y, en otras, el trabajo; no desean seguir el ejemplo de sus padres, que en muchos casos han sido workaholics. Para ellos, el smartphone, la tableta o el portátil pueden convertirse en una oficina, por lo que no entienden pasar todo el día en el trabajo. Finalmente, saben que hay muchas cosas que no se pueden comprar, por lo que se interesan más por lo que hacen con el dinero, que la cantidad que ganan.

    Este es el carácter de quienes tendremos que liderar. Debemos comprender que ello no es bueno ni malo. Simplemente existe y es nuestra responsabilidad encaminarlo, sacar lo mejor de él y corregirlo cuando sea necesario.

    En el artículo de World Economic Forum, que mencione hace minutos, llamó mi atención una referencia a “la regla de oro”, es decir, “trata a los demás como quieras ser tratado”. Esta afirmación, dice el artículo, tiene una falla profunda, pues asume que todas las personas quieren ser tratadas de la misma manera, ignorando que son motivadas por una variedad de cosas.

    “Trata a las personas como quieren ser tratadas”, es la afirmación que, según el artículo, corregiría la falla.

    Pero cuidado, nuestra tarea es encontrar el perfecto límite entre esa liberalidad que ofrece al subordinado la tranquilidad de estar en un lugar que cumple sus expectativas y deseos, y el libertinaje de una organización donde reina el desconcierto.

    Mi reflexión para ustedes es la siguiente: ofrezcan libertad, pero con disciplina, construyan en sus organizaciones ese espacio de justicia y desarrollo personal, donde el sentido de propósito y de formar parte de algo superior motive permanentemente a sus colaboradores. Ese debe ser nuestro norte y para ello han sido formados.   

    Finalmente, me queda la satisfacción de comprobar que cada ceremonia de graduación es una nueva oportunidad para reafirmar con humildad, prudencia y sin una gota de auto complacencia que, como escuela de dirección, estamos cumpliendo con nuestro propósito.

    Permítanme entonces, en nombre de todo el claustro académico, personal administrativo y de servicios del PAD, reiterarles mis sinceras felicitaciones y nuestro genuino deseo de que sean esos directivos íntegros, que aporten al desarrollo de  sus organizaciones, a la felicidad de sus familias y, por añadidura al desarrollo de  nuestro querido país.

    Muchas gracias y buenas noches.

    15/03/2017 – Redacción PAD

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