Liderazgo femenino

    Fabiola Morales Castillo
    Directora de Comunicación Corporativa
    Publicado en el diario Expreso el 19 de marzo de 2017

    El 8 de marzo se celebró el “Día Internacional de la Mujer” que nos recuerda que en el mundo Occidental todavía existe una mirada prejuiciosa respecto al real valor de las personas por diferencia de sexo.

    Sin embargo, cuando más se extiende y mejor se ejerce el liderazgo femenino, los escenarios cambian. Las mujeres actuales hace rato superamos el discurso de los años 60 que todavía el lobby feminista de la ONU pretende imponer junto con el aborto y su “ideología de género”.

    Ahora, escogemos con todo compromiso y plena conciencia trabajar dentro de casa, o compartir esta tarea con otra fuera de ella, en una empresa que valore nuestra colaboración y practique la “conciliación trabajo y familia” que distingue a las empresas modernas. Porque las mujeres estudiamos, nos preparamos y somos responsables de nuestra vida y la de nuestra familia.

    Muchas madres de familia con niños o hijas con padres ancianos -sin ningún complejo- prefieren atenderlos personalmente, o compartir este trabajo, con otro a medio tiempo fuera de su hogar. Al hacerlo, cuentan con la ayuda de los varones de la casa, y también con unos conocimientos y herramientas, cada vez mejores, para llevar a cabo las tareas del hogar.

    El liderazgo femenino es distinto al masculino, porque las mujeres tenemos la capacidad de acercarnos más al ser humano, de humanizar los ambientes donde nos movemos, ya sea en la empresa o en la casa. Como también tenemos la capacidad de realizar muchas cosas a la vez. Somos muy buenas educadoras, por eso, debemos enseñar a los varones a estar más cercanos al hogar, no como un “señorito”, sino como un miembro activo más.

    La brillantez de una mujer no solo está en pretender un premio Nobel en la tarea pública y profesional que realice; sino también en pretender unos hijos bien cuidados y educados, unos padres ancianos y enfermos primorosamente atendidos, porque prefirió quedarse en casa o compartir esta tarea con otra en una institución o negocio propio. Ahora la tecnología permite muchas posibilidades de dedicación de la mujer.

    Sin embargo, no podemos negar que todavía nuestra civilización actúa como si la mujer fuera, como se decía, “el sexo débil”, no tanto para protegerla, sino para considerarla como un ser inferior e indigno. La violencia y el abuso contra la mujer es una pésima costumbre muy extendida en Occidente que llega al extremo del asesinato.

    Pero hay otros abusos que no están en la agenda del lobby feminista como es el maltrato a la dignidad de la mujer por la publicidad, los medios, las modas y todos los promotores de negocios, a costa de mostrar su cuerpo como objeto de compra, distracción o placer.

    Tampoco está en esa agenda el tráfico de personas, que obliga a ejercer la prostitución a niñas y adolescentes, por mafias que las explotan peor que esclavas; una realidad que es la peor vergüenza para una civilización que se llama moderna y posmoderna.

    La mujer necesita que la empresa, el Estado y la sociedad la ayuden, sí: lactarios, licencias de maternidad, cunas donde poder dejar a sus niños pequeños, como ya lo hemos escrito; pero también con un trato educado, ni brusco ni grosero, como se pretende en nombre de una igualdad que no existe, porque hombres y mujeres, valemos igual; pero somos distintos y complementarios.

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