• [INFORME PAD] ¿Construyendo eficiencia empresarial a partir de la ineficiencia del Estado?

    Por:  J.J. Marthans León, Director del Departamento de Economía del PAD, Escuela de Dirección y José Ricardo Stok, Profesor principal del PAD, Escuela de Dirección

    [FOTO: Composición digital con imagen de Christian Cordova. Creative Commons http://bit.ly/1XD9kdy]

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    El Estado y su relación con la empresa

    Dentro de múltiples definiciones de lo que es la estrategia, parece suficiente, por simple pero completa, la siguiente: es la forma en que se relaciona una empresa con su entorno. Y así podemos hablar de una estrategia comercial, donde la competencia implica definir temas de producto y mercado, de precios, distribución, promociones, marketing. Hoy en día resulta imprescindible una estrategia social, en la que la empresa defina su acción en temas de responsabilidad social, de presencia gremial y sindical, de incidencia en el medio ambiente.

    Sin embargo, cada vez es mas notoria la presencia y accionar del estado en la vida económica no solo del país, sino de las empresas, de cada una en particular bajo diversas modalidades en ámbitos laboral, impositivo y regulatorio. Como bien lo llamó el papa San Juan Pablo II, el estado es un empresario indirecto.

    ¿Un Estado ineficiente con un sector empresarial eficiente?

    Hoy en día no se concibe una economía sin la presencia del Estado. El problema central es si éste presenta las capacidades y competencias mínimas para generar las mejores condiciones para sostener un adecuado proceso de generación de riqueza a favor del frente empresarial y de la sociedad en su conjunto.

    Debemos tener claro que sin un Estado con un mínimo de eficiencia no disponemos de las condiciones apropiadas para ser competitivos y productivos, para emprender un proceso de reformas estructurales, para concebir la consolidación de nuestras instituciones y – de manera ordenada y con visión al futuro – para reducir el déficit de infraestructura sobre el que muchos peruanos se desenvuelven para generar riqueza.

    Emprender cualquier cambio sustancial en el proceso de búsqueda de mejores estándares de productividad sin una reingeniería previa y plena del Estado sólo generará frustración. El Estado debe ser visto por la empresa como un socio estratégico clave en el accionar y posibilidades de sostenimiento del proceso de riqueza. Claro está, si este no cumple con condiciones mínimas de organización, capacidad de gestión y dimensionamiento, entre otras características, entonces lo que produce es deseconomías de escala e ineficiencia.

    En el Perú, nuestro Sector Público o Estado aún no muestra las condiciones necesarias para generar posibilidades de competitividad y productividad adecuadas en el sector privado. Las cifras del “World Economic Forum” son contundentes. Hacia el 2015, de 148 países rankeados, nos encontramos con que en la categoría “calidad de infraestructura” estamos en la ubicación 101, en “disponibilidad de científicos, capitalización humana” en el puesto 113, en “independencia del poder judicial” en el puesto 126, en el “costo para los negocios ligados a la criminalidad” en el 132, en “calidad de educación” en el puesto 140. En todos los ambientes hay una sola constante: nos encontramos en tercio más bajo del ranking.

    Un Estado ineficiente no puede más que limitar la posibilidad de ser eficiente al sector privado.

    ¿Cúal es la estructura organizacional del Estado?

    Si queremos, brevemente, dimensionar bajo qué lógica se rige hoy el accionar del sector público, comparemos algunas cifras simples. El número de ministerios sobre el cual trabaja el Estado: 19. ¿Cómo llegamos a este número, bajo qué lógica, bajo qué racionalidad? Ninguna propuesta seria con relación a la estructura organizacional que el Estado requiere se condice con esta cifra. ¿Un gerente general, podría despachar adecuadamente con 19 gerentes bajo su dirección?

    Hoy en día las estructuras organizacionales requieren de mecanismos de toma de decisión expeditivos donde la información, comunicación y procesos sean los más adecuados a favor del proceso de generación de riqueza y de adecuación a los retos de la competencia diaria y del mercado. Sin embargo, en Perú parece que tenemos un Estado cuya organización es propia del siglo XIX y con este deseamos ser competitivos en el complicado y competitivo siglo XXI. No tiene sentido.

    Como si lo reseñado sea poco, se puede mencionar otros casos. A nivel organizacional, nuestro Estado se desenvuelve dentro de una “maraña” de 25 gobiernos regionales, más de 1800 gobiernos locales a nivel distrital, 130 congresistas, instituciones descentralizadas por doquier. Todo un himno a la ineficiencia. ¿Es este Estado defectuoso en su organización el que va a generar condiciones de más productividad en el sector privado? Por favor, no seamos ingenuos.

    Calidad de gestión: otro ausente en el estado

    Lamentablemente, el Estado presenta ineficiencias para generar ingresos, lo que puede ser comprensible, pero además, se producen ineficiencias permanentes para ejecutar gastos. Esto es extremo.

    Por diferentes causas, la ejecución de presupuesto de los gobiernos centrales y supranacionales no se completa en más de 20% en muchos casos. Esto es también historia antigua. Ha habido leves mejoras en ejecución presupuestal de gasto de inversión entre el 2012 y el 2014 pero aún la brecha es inmensa.

    Un ejemplo ilustrativo en la capacidad de gestión del gasto está referido a cómo hemos afrontado los objetivos de reconstrucción de centros poblados, resultado de una catástrofe natural. El caso de Pisco es elocuente, más aún si lo comparamos con el caso de Valparaíso en Chile. En Pisco las viviendas afectadas fueron 76 mil, en Valparaíso Chile, 191 mil. En nuestro caso, el plazo para la reconstrucción fue de 3 años; al 2014, es decir luego de 7 años, estábamos en 85% de avance. En Valparaíso, Chile, el plazo era de 4 años y, justamente, al 2014 estaban al 100%. ¿Cómo se explica la diferencia de resultados en tiempos y eficiencia de reconstrucción? Si no mejoramos la capacidad para gastar de manera eficiente y responsable, no vamos a poder generar condiciones para impulsar la productividad de nuestro sector privado.

    Dimensionamiento del Estado: problema permanente

    Por donde lo miremos, nuestro Estado dispone de serios problemas. Otra restricción está, por ejemplo, ligada a su dimensionamiento. ¿Cuántos trabajadores en el Perú están vinculados al sector público? Es, hoy por hoy -en el Perú- problemático encontrar una cifra creíble. Los estimados refieren que estamos hablando de casi un millón y medio de personas, que representan el 9% de nuestra PEA.

    Comparemos dicha cifra con el 2% de la PEA de Chile o con el 4% de Colombia o con el 5% de México. ¿Por qué 9% de la PEA en el Perú es explicada por el frente laboral público? ¿Cuál es el óptimo de número de funcionarios públicos que necesitamos para trabajar apropiadamente como país?

    ¿Cuál es el tamaño adecuado de nuestro Estado? Hoy día el sector público peruano explica aproximadamente el 15% de nuestro PBI, tanto por el lado de consumo como de inversión. ¿Alguien se ha preguntado si ese monto de participación es el apropiado? ¿Por qué no un 10% o un 30%?

    ¿Sobre qué base tenemos que determinar el tamaño óptimo? El dimensionamiento del Estado ha crecido, independientemente del modelo de desarrollo que se eligió en su momento. Este ha crecido de manera desorbitada tanto en el marco del modelo primario exportador como el de industrialización por sustitución de importaciones. Es más,los últimos 25 años de emprendimiento con mayores fundamentos económicos el crecimiento ha sido desmedido. No es un problema de modelo económico, es un problema de escasa institucionalidad, rendimiento de cuentas y desorganización integral.

    Indistintamente de la cifra, parece razonable pensar que hoy día en el Perú tenemos un Estado muy grande que debe ser sometido a una reingeniería de manera urgente y que la misma no debe necesariamente implicar la minimización de su rol subsidiario, ni el despido de personal, como muchas veces se aduce para dejar de lado esta política. Lo que debe significar es el fortalecimiento de la eficiencia en su rol subsidiario y la reconversión de su segmento laboral.

    Reflexiones finales

    ¿Queremos darle visión de largo plazo al proceso de generación de riqueza en el sector privado con un Estado poco eficiente? ¿Quién debería participar en la reforma del Estado?

    Obviamente, hoy en día encargarle al Estado la labor de emprender institucionalidad, reducir déficit de infraestructura, generar reformas estructurales, resultaría poco consistente y alejado del éxito. Nuestro Estado, entiéndase, tal y cual está no dispone ni de las condiciones ni de las capacidades a efectos de cumplir con semejante labor. Condición necesaria para emprender la eficiencia del frente privado, es que nuestro Estado se libere de las tremendas restricciones que hoy reconocemos en él.

    De más está de hablar de propuestas ligadas a la diversificación productiva, de más está buscar eficiencia en la demanda de mayor seguridad ciudadana, de más está discutir el modelo de desarrollo que debemos emprender y los objetivos de reducción de pobreza sostenible que nos autoimpongamos, de más está buscar honestidad en las decisiones de nuestro poder judicial. Sin una reingeniería plena de nuestro Estado, todo lo anterior estará limitado y con tendencia al fracaso.

    Ahora bien, no es fácil que esta reforma la conduzca el mismo sector público: se precisa no sólo una visión y concepción clara de la naturaleza y accionar del Estado, sino y lo que es más importante, un compromiso firme, decidido e inmune a las presiones o vaivenes políticos: difícil pero no imposible. La misma Constitución define con claridad el rol del estado en la economía: ¿no podríamos esforzarnos todos, gobernantes y gobernados en darle cumplimiento? Se requiere compromiso, exigencia y perseverancia.

    El cambio podría ser propiciado por el mismo sector empresarial buscando cubrir cuatro condiciones elementales. La primera, el consenso pleno en lo político, económico, empresarial y social. Segundo, la discusión debe tener como base una hoja de ruta técnica y con perspectiva de acciones a tomar en el corto, mediano y largo plazos. Tercero, la hoja de ruta debe ser elaborada por un “think tank” de prestigio y por encargo y colaboración de nuestro frente privado empresarial. Cuarto, esta hoja de ruta deberá ser la base de la política de Estado sobre la cual se desenvuelva y rinda cuenta cualquier gobierno.


    Este artículo fue difundido en el marco del foro Ceo Summit 2015, de la revista Semana Económica, auspiciado por el PAD – Escuela de Dirección. 29 de octubre del 2015

    03/12/2015 – PAD – Escuela de Dirección

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