Cargos públicos, competencias y economía

    Juan José Marthans León
    Director del Área de Economía
    Publicado en el diario El Comercio el 28 de febrero de 2017

    Son innumerables las deficiencias que, por años, viene mostrando nuestro sector público. Estas pasan por diferentes estamentos: su inadecuado dimensionamiento, su falta de organización, lo poco transparente de muchas de sus acciones, la carencia de ‘accountability’ (rendición de cuentas), su miopía sobre el planeamiento estratégico, lo poco transversal de sus acciones, entre otros y otros tantos.

    En dicho entorno, uno de los temas menos discutidos es la idoneidad o competencia de algunos funcionarios en los más altos cargos públicos. Permítanme comentar cuatro casos –a modo de breve referencia– de mala selección de funcionarios con altas responsabilidades e inadecuada competencia asociada a su designación:

    Primero, es un error pensar que con la alta formación académica es suficiente. Es condición necesaria, pero no suficiente. Un PhD, por excelente que sea la universidad de la cual se obtenga, no es una vacuna contra la estupidez ni dota de experiencia para la cosa pública. Ello no genera competencias. Muchas veces es más importante una hoja de vida plagada de experiencia y éxito en el frente empresarial privado.

    Segundo, es inadecuado que se considere al sector público como la escuela donde, al nivel directivo más alto, experimentan y aprenden jóvenes que luego de mostrar poca habilidad para la gestión de recursos, pasan, con una “hoja de vida enriquecida”, a postular a cargos al sector privado. El mundo al revés. La experiencia se debe ganar en el mercado, en el sector privado, luego –el que considere pertinente ello– pasa a aportar al sector público.

    Tercero, no debemos premiar a funcionarios públicos con escaso éxito dándoles responsabilidades mayores. Usualmente, con la llegada de una nueva administración, se prefiere reincorporar a funcionarios que en gestiones anteriores no demostraron idoneidad y competencia para ciertos cargos. La razón: la amistad y la posibilidad de tener a incondicionales para fines no siempre transparentes. Cuidado con estar alimentando “clubes de amigos reciclados” en la cosa pública.

    Cuarto, el técnico puro es otra limitante. Las competencias en el alto nivel del sector público demandan también un mínimo de manejo en el frente político. Para solucionar problemas técnicos, hasta una máquina es útil; para solucionar temas políticos es necesario saber desenvolverse al interior de grupos de interés complejos. Es necesario convencerlos que sus negocios trascienden al corto plazo, que la sostenibilidad de su éxito se basa en el bienestar de su ecosistema, la transparencia y la buena gobernanza. Es necesario tener competencias para hacer converger los intereses de varias clases sociales, de diferentes credos, de diferentes culturas y razas.

    Obviamente, la ética y honestidad son también parte de los requisitos, así como dotar de remuneraciones atractivas en línea con las competencias demostradas. Debemos ser conscientes de que nuestra economía no cambiará si, entre otros requisitos, no cambia la definición de competencias que exigimos hoy para ser funcionario público del más alto nivel. Siempre allí, el presidente de turno tiene la última palabra.

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