Perú: capital ocioso

    Juan José Marthans León
    Director del Área de Economía
    Publicado en el diario Gestión el 7 de marzo de 2017

    En la actualidad, todos estamos preocupados por la corrupción y sus secuelas en el frente económico. El tema es grave y no debemos soslayarlo. Sin embargo, ello no nos debe alejar de la urgencia de recomponer otros frentes igualmente delicados. En ese contexto, permítanme exponerles, brevemente, tres casos que evidencian serias deficiencias en la asignación de los recursos de todos los peruanos en la administración pública. Crecer sostenidamente con las mismas, imposible.

    El primero está vinculado al grado de ejecución anual del presupuesto de inversión pública. Para la última década comprendida para el periodo 2007-2016 se estima que únicamente se ha ejecutado un promedio 68.5% de los presupuestos anuales de inversión pública. Varios problemas. Por ejemplo, en muchos casos dicha ejecución ha sido tan deficiente que en circunstancias en que la inversión pública debió crecer para compensar el impacto contractivo de la desaceleración extrema de la inversión privada, esta decreció aun más de lo que lo ya lo hacía el componente privado. El problema no fue la carencia de recursos, el problema fue la incapacidad de gestión y planeamiento del frente público.

    Es cierto que parte de los recursos no utilizados durante un ejercicio se pueden emplear en el subsiguiente a fin de darle continuidad a ciertas inversiones, pero esa no es precisamente la regla. En términos de soles del 2016, se calcula que, en el extremo, el monto de los segmentos presupuestales aprobados y no ejecutados de inversión pública durante la última década ascendería a la suma de S/ 124,500 millones. Esto es alrededor del 19% de nuestro PBI y es cercano a la totalidad del presupuesto público del año pasado. ¿Qué estamos haciendo para poner punto final a semejante arbitrariedad?

    El segundo caso está asociado a la deuda tributaria acumulada que mantiene por años parte del sector empresarial. Recientemente, esta se ha estimado en S/ 46,000 millones, es decir, 7% de nuestro PBI y que, a modo referencial, resulta superior a los recursos que hubieran sido necesarios para financiar en su totalidad los déficits fiscales de los últimos tres años. Es cierto que parte de dicho monto tiene su origen en la capitalización anual de los intereses en mora vigente hasta el 2006, es cierto que en muchos casos la situación es extrema y llevó a los intereses a superar al valor del tributo insoluto, pero ello no justifica que dicha deuda no se sincere, se reprograme y se cancele a favor de las arcas de todos los peruanos.

    Aunque recientemente se ha anunciado medidas para que las medianas y pequeñas empresas eliminen parte de sus deudas tributarias y se ha establecido un esquema de descuento decreciente sobre las multas e intereses, inevitablemente, resulta también pertinente hacer efectivo el cobro de la deuda pendiente de pago, sobre todo de la que mantiene la gran empresa peruana. ¿Hasta cuándo vamos a tener dicha contingencia que contrasta sustancialmente con las necesidades de nuestra población?

    El tercer caso está relacionado con el inadecuado empleo del componente patrimonial de la banca estatal del Perú. Pocos saben que hoy en día, tanto Cofide como el Banco de la Nación y el Banco Agrario disponen de un monto patrimonial de S/ 5,800 millones, es decir, un monto que es 2.5 veces el capital que se les exige prudencial y legalmente para administrar el riesgo de la totalidad de sus activos. En otras palabras, estas tres entidades disponen de S/ 3,500 millones (equivalente a US$ 1,000 millones) de patrimonio en exceso y cuyo monto es equivalente a más del 100% de todo el patrimonio efectivo de nuestras cajas municipales. Ese excedente, sin emplear, no viene apalancando o generando crédito o inversiones a favor del sector productivo o de los diferentes sectores sociales en sus diversas instancias.

    Cualquier entidad financiera en el mundo sería catalogada como ineficiente si dispusiera de recursos patrimoniales excedentarios en extremo. Esta no es historia reciente, data de años atrás. Ese excedente de patrimonio bien empleado podría servir para constituir un fondo de capitalización a favor de las mejores microfinancieras o podría servir para apalancar financiamiento o coinversión de la mano del frente empresarial privado y de menor escala del país. ¿Por qué tanta carencia de ideas, ineficiencia y negligencia?

    La verdad, el Perú más que una economía de ingresos medios es una economía con un mar de capital ocioso. ¿Se imaginan todo lo que podríamos hacer en términos productivos, de infraestructura, de apoyo social, si es que los recursos del inadecuado manejo presupuestal en la inversión pública, los recursos congelados por la judicialización de las deudas tributarias y los recursos del capital inutilizado de la banca estatal se pusieran en movimiento?

    Es cierto que hoy nos agobia la corrupción y debemos exterminarla, pero también debemos exterminar el capital subutilizado que rodea a todos los peruanos y que no permite crecer y reducir desigualdades. Ideas, capacidad de enmienda y gestión es lo que le ha faltado a los últimos gobiernos. Sin ello, seguiremos siendo una economía con capital ocioso.

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