Después de la tempestad

    Fabiola Morales Castillo
    Directora de Comunicación Corporativa
    Publicado en el diario Expreso el 16 de abril de 2017

    Hoy celebramos los cristianos la fiesta de la Resurrección de Cristo, una gran celebración, con más brillo de luz que la misma Navidad, porque Quien con su muerte nos redimió, no se quedó en la fría tumba de la muerte, sino que venciéndola, volvió a la VIDA, dándonos razón para nuestra esperanza.

    Los primeros meses de este 2017, el fenómeno del Nino Costero golpeó regiones enteras como Lima, Piura, Tumbes, La Libertad, Lambayeque y Áncash. Son muchas las familias que han perdido a sus seres queridos, como también su casa, sus tierras, bienes y trabajo. Hemos tenido meses enteros de sufrimiento en que la naturaleza no perdonaba nada ni a nadie.

    En Catacaos, donde se celebra con más brillo la Semana Santa, los turistas no han acudido, como en otras ocasiones, para vivir sus tradiciones populares: las procesiones, la mesa de los Siete Potajes, la bajada de la cruz del Señor y los actos litúrgicos propios de estos días. Sin embargo, las vivencias de solidaridad, aquí, como en todos los lugares de nuestros pueblos que sufren se han multiplicado. Parece que cuando pasamos por las consecuencias de desastres naturales, tan duros como este, la buena voluntad, y el rostro humano y cristiano de las personas, también se muestra más.

    La población se ha puesto de pie y ayuda con bienes, como también con servicios. A los numerosos puntos de acopio llegaron y siguen llegando las donaciones, como las personas que ofrecen su tiempo para clasificar y trasladar los productos hasta los lugares señalados. A ellos se ha unido el personal joven del Ejército, la Marina, la Aviación, la Policía Nacional, los bomberos y rescatistas que han expuesto su vida para salvar tantas vidas a las que arrastraba la furia de las aguas. También ha llegado ayuda extranjera, como la de Colombia que fue el primer país en ofrecernos helicópteros y personal especializado en rescate de personas.

    Instituciones como empresas, universidades, grupos juveniles, clubes y parroquias han convocado a numerosas personas, ejemplo de colaboración y solidaridad en estos momentos difíciles. Esta es la vivencia de la esperanza que la fiesta de la Pascua que hoy celebramos, nos recuerda. No podemos dejarnos vencer por la dureza de acontecimientos como estos desastres, que acarrean muerte; hemos de levantarnos, como en este caso, con la ayuda de muchas personas solidarias que nos recuerdan que las personas estamos convocadas para la VIDA.

    Las consecuencias de los desastres no han pasado, son muchos los casos de enfermedades como el dengue, el agua sigue estancada en varios lugares, han escaseado los alimentos y subido de precio, muchos todavía están viviendo en carpas, en casas de amigos y hoteles. No nos olvidemos de seguir ayudando y estemos atentos para que la reconstrucción que necesita el país se realice pronto, con calidad y, sobre todo, sin corrupción.

    FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.

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