Tentaciones peligrosas

    Fabiola Morales Castillo
    Directora de Comunicación Corporativa
    Publicado en el diario Expreso el 16 de julio de 2017

    Nadie puede alegrarse de los difíciles momentos que está viviendo la llamada “ex pareja presidencial”, Humala y Heredia, que desgraciadamente tiene consecuencias en su familia, en sus menores hijos y en sus padres ancianos. Pero, si bien nos dolemos con la desgracia de las personas, también repudiamos la corrupción y las decisiones erradas que se habrían tomado en la cumbre del poder y que nos afectan a todos como país.

    No tienen un año de haber dejado de vivir en Palacio de Gobierno; sin embargo, esta pareja -que gobernó el Perú por cinco años, con el respaldo y la anuencia de personalidades como Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura- ingresó a Palacio de Justicia para de ahí salir a dos penales con orden de prisión preventiva por 18 meses, en medio del escándalo.

    Muchos no esperaban esta decisión del juez Concepción Carhuancho, pero tal vez la desobediencia del expresidente Toledo respecto a esta misma orden judicial pudo haber precipitado la decisión que todos conocemos. Tal vez se curaba en salud y no quería que sucediera como con Toledo que, apenas pudo, se puso a buen recaudo, lejos de la mano de la Justicia peruana.

    A la “pareja presidencial” se le acusa de “blanqueo” de dinero enviado por sus amigos del gobierno venezolano y también de recibir 3 millones de dólares de la empresa de construcción Odebrecht, para las campañas presidenciales 2006 y 2011 y, aunque diga la abogada Rosa M. Palacios que no es delito, las faltas consistirían en recibir dinero para “legalizarlo”, por una parte; y por otra, favorecer a esta firma global, con licitaciones millonarias en infraestructura para Estado.

    A estas denuncias se suma aquella que involucra al expresidente con el caso “Madre Mía”, donde el conocido como “capitán Carlos” no habría tenido compasión y habría terminado con la vida de varias personas, y una vez descubierto, habría comprado testigos para salvarse de la acción del Poder Judicial.

    Si fuera así, estaríamos frente a una trama de dinero y poder, tejida por la falta de visión y de valores. Por la ceguera que, en muchos, produce la luz cegadora de la buena vida, el bienestar y el lujo que, seguramente, esta pareja vivió durante varios lustros en las embajadas de Seúl y de París, destinos donde los mantuvo el gobierno de Toledo.

    Si fuera así, se equivocaron al suponer que el disfrute del poder es una oportunidad de enriquecerse y servirse a sí mismos y su entorno, por siempre y para siempre. Este es el valor de la democracia que exige renovación de gobernantes, independencia de poderes, y pesos y contrapesos.

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