La educación en emergencia

    Fabiola Morales Castillo
    Directora de Comunicación Corporativa
    Publicado en el diario Expreso el 10 de setiembre de 2017

    Según un informe del Minedu, Chile es el país de Sudamérica que más invierte en educación y Perú, lastimosamente, el que menos. Esta afirmación sintetiza el hecho de que el Estado ha postergado por décadas la educación; aunque siempre los líderes políticos la han ensalzado, en su discurso y sus planes de gobierno, como uno de los temas prioritarios.

    Ahora, el presidente del Consejo de Ministros ha asegurado que el proyecto de ley de presupuesto para el 2018 duplica el porcentaje de dinero dedicado a la educación. Ojalá así sea, pero sobre todo, ojalá se use adecuadamente, y se ejerza un control y fiscalización adecuado, para que crezcamos en eficacia educativa, aunque sea bastante tarde. En los últimos años, el gasto e inversión anual ha llegado sólo al 40% del presupuesto asignado.

    La educación está herida, por la brecha en infraestructura que, antes del fenómeno del Niño costero, era de 63 mil millones de soles, de acuerdo al último censo que recoge el ministerio. El 15% de las edificaciones requieren reconstruirse por completo; 75% de los colegios rurales no tienen los tres servicios básicos; y el 56% requiere de reconstrucción estructural. A lo cual se suma unas 1,579 instituciones educativas afectadas por este fenómeno, de las cuales 451 están seriamente dañadas de acuerdo a los datos del Programa Nacional de Infraestructura Educativa.

    Más herida aún, por la última huelga que ha demostrado un gremio magisterial dividido que, sin embargo, ha resistido varios meses y su presencia se ha hecho sentir en las calles de la capital. El Sutep, en manos de Patria Roja, ha perdido fuerza, frente a otras dirigencias más radicales; tanto que se sospecha la vinculación de los nuevos “líderes” con facciones pro terroristas.

    La huelga acabó por inanición, más que por acción del Gobierno, cuya debilidad se ha notado más que nunca con el manejo de este problema. Los maestros han sido favorecidos con aumentos de sueldos y, aunque se mantiene el sistema de evaluación, todos sabemos que se ha pasado a una “versión light”, sin mayores consecuencias, si no se aprueba.

    Los verdaderos afectados por la dejadez de tantos gobiernos y la defensa de los intereses de los gremios son los estudiantes y los padres de familia. La ministra Martens ha dicho en su interpelación en el Congreso que “la planificación para la recuperación de clases avanza a paso firme y se recuperarán todas las clases perdidas en tiempo y calidad”. Pero, ya sabemos que estos buenos deseos nunca se cumplen, esta película ya la hemos visto.

    La educación está en emergencia y si queremos el desarrollo del país, es urgente que desde los sectores empresariales, como de la sociedad civil, salvemos a esta generación de niños y jóvenes del bicentenario.

     

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