La trayectoria de Guerrero es intachable

    Fabiola Morales Castillo
    Cultura Organizacional y Emprendimiento Social
    Publicado en el diario Expreso el 12 de noviembre de 2017

    Los peruanos tenemos poca capacidad para ponernos de acuerdo –en casi todo–, menos en nuestra simpatía hacia la Selección Peruana de Fútbol que, aunque nos haya dejado décadas fuera del Mundial de Fútbol FIFA, seguimos respaldándola por siempre y esperando que se produzca el milagro. Y el milagro se produce, porque el fútbol logra unirnos por una misma causa.

    En los planes educativos de los colegios, no hay una asignatura dedicada a la historia del fútbol peruano, ni a su reglamento. Pero, si la hubiera, todos los chicos sacarían la mayor nota, porque de fútbol conocen hasta sus mínimos detalles y están atentos a cualquier noticia de esta disciplina deportiva, sobre la cual deliberan, polemizan y hasta pontifican.

    La noticia es ahora la infracción que habría cometido Paolo Guerrero y, por la cual, la máxima autoridad del fútbol mundial lo ha suspendido por un mes, de manera preventiva. La prueba de “doping” habría resultado positiva en el encuentro entre Perú y Argentina, en el estadio de La Bombonera de Buenos Aires, en el marco de la lucha por un lugar para ir al Mundial de Rusia.

    A partir de esta denuncia que Guerrero ha rechazado, se han producido al menos dos posturas. Quienes opinan que el famoso delantero y goleador de la Selección Peruana es culpable y que seguramente lo suspenderían por cuatro años, truncándole prácticamente toda su carrera futbolística; y quienes, por el contrario piensan que después del mes de suspensión, se demostrará, en el resultado de un segundo examen, que se trataría de un medicamento que se administró contra la gripe.

    Sin embargo, la mayoría de peruanos le han dado el beneficio de la duda y han cerrado filas para defender al futbolista porque se hizo desde abajo, desde las calles de su barrio, bajo la férrea disciplina que le marcó su madre, la famosa doña Peta; hasta llegar a jugar en grandes equipos de Alemania y Brasil, y, sobre todo, por darle lauros y alegrías a los seguidores de la Selección Peruana.

    El apoyo es sobre todo al futbolista esforzado, con una carrera profesional limpia, a lo largo de tantos años, donde si bien lo contrataban fuera, volvía a la Selección para entregarse, jugando como el mejor, sudando la camiseta, organizando a todo el equipo como buen capitán y haciendo goles que, al fin y al cabo, es lo que importa en el fútbol.

    Un líder como Paolo Guerrero no nace, se hace a lo largo de la vida, con aciertos y con errores, pero sobre todo, con esfuerzo y honestidad. Los jueces de la FIFA pueden decidir lo que quieran –esa FIFA tan golpeada desde la cúspide por actos de corrupción bien comprobados– pero el líder del fútbol peruano, el deporte de las multitudes, quedará ileso, porque la sabiduría popular no castiga un desliz, si acaso lo hubiera cometido; sino que premia y con razón la trayectoria limpia, cabal y transparente del “depredador”.

     

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