¿Qué imitar de Corea del Sur para aumentar el PBI?

    José Ricardo Stok
    Director del Senior Executive MBA
    Publicado en el diario Gestión el 28 de noviembre de 2017

    Hace poco pude asistir en Seúl a la Korea-LAC Business Summit Cumbre Empresarial Corea–Latinoamérica. Los temas tratados fueron interesantes y sugerentes: la cuarta revolución industrial fuertemente promovida por los avances tecnológicos en los que Corea destaca claramente; la ruptura entre infraestructura inteligente y la producción para el crecimiento económico que caracteriza a nuestros países; y las asociaciones público-privadas como mecanismo eficaz para acortar esas brechas.

    Destaco el fuerte interés de las autoridades coreanas (Export-Import Bank of Korea, la Agencia de Cooperación coreana) así como el respaldo del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) por apoyar decididamente el desarrollo de Latinoamérica. De manera particular, es notorio el atractivo por el Perú, país que une una estabilidad jurídica con la económica y la voluntad de crecimiento. Es evidente que estamos ante grandes perspectivas. Hay que saber aprovecharlas.

    Por otro lado, Corea es un país sorprendente por el fantástico desarrollo alcanzado en las últimas décadas. ¿Sabía usted que el Perú tenía un mayor PBI per cápita que Corea en 1970: US$ 557 versus US$ 279? La realidad cambió diez años después: US$ 1,045 frente a US$ 1,704. En el 2016, ellos alcanzaron un PBI per cápita de US$ 27,536, y nosotros llegamos a US$ 6,046.

    El “milagro económico” sobre el crecimiento de Corea del Sur se debe a un conjunto de efectos: manejar prudentemente el gasto público, controlar la inflación, priorizar el ahorro y la inversión, incentivar fuertemente la calidad de la educación; pero la verdadera causa parece encontrarse en la cultura asiática: la disciplina, el orden, el respeto por las jerarquías y la preocupación por el bienestar colectivo.

    Por otro lado, los llamados “chaebol” o grandes grupos empresariales dominados por una sola familia con su gigantesco crecimiento y presencia han sido un factor dinamizador. Samsung, por ejemplo, representó en el 2015 más del 20% del PBI nacional.

    El acuerdo comercial entre Corea y el Perú, vigente desde el 2011, puede contribuir a impulsar nuestro crecimiento, si se promueven eficazmente relaciones bilaterales. Por ejemplo, este año se firmó una alianza entre Hidrandina y KIAT, el Instituto Coreano para el Incremento de la Tecnología, para ejecutar proyectos de redes eléctricas inteligentes en Trujillo, con transferencia de tecnología y capacitación, y que bien podría derivarse a otras regiones, aprovechando el altísimo grado de calidad en electricidad de los coreanos.

    Aun cuando no es razonable calcar los modelos, sí es evidente que el Perú debe mejorar sustancialmente una condición: la disciplina, la observancia de leyes y ordenamientos. La cultura “chicha”, “Pepe, el vivo”, la falta de seriedad y de madurez, la mentira, deben ser desterradas.

    Tenemos profesionales competentes, con buenas habilidades “duras”; sin embargo, los estudios señalan que el éxito proviene en un 75% de las habilidades “blandas”.

    Recientemente, la alegría del pase al Mundial de Fútbol mostró que la disciplina fue un elemento claramente diferenciador y determinante. ¡Disciplina, más disciplina! Si entre todos —partiendo de la familia y autoridades en primer lugar—, empresarios, directivos, educadores, hiciéramos énfasis y exigiéramos con rigurosidad mayor disciplina, madurez y sinceridad, estoy convencido de que pasaríamos de crecer ligeramente “en piloto automático” a algo mucho más relevante.

     

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