La transformación en la banca

Jose Ricardo Stok
Director General del PAD
Publicado en diario Gestión el 28 de agosto del 2018

La intermediación financiera es una de las más importantes funciones en la vida económica de los países: permite acceder a fuentes de recursos monetarios de quienes tienen excedente a quienes tienen necesidad de ellos. Su origen es, como se comprende, antiquísimo.

Hay quienes prestan dinero a quienes lo requieren: esta es la intermediación financiera directa. Pero al multiplicarse la pluralidad de agentes en ambos términos en la ecuación, hace que sea casi imposible que se pueda dar esa relación directa. Surgen entonces agentes que vinculan ambos extremos, ordinariamente entidades financieras, constituyéndose en intermediación financiera indirecta. Cumplen un importante rol social y económico: que quienes tienen excedentes de dinero, puedan obtener un rendimiento sin tener que ocuparse de buscar a quienes prestar.

A su vez, quienes tienen necesidad de financiamiento resuelven también su problema acudiendo a este intermediario que, como es lógico, cobra una comisión por facilitar esa vinculación y por garantizar que esta sea eficaz y beneficiosa para las tres partes. El único que conoce de dónde vienen los fondos y dónde se emplean es el banco; tal vez a ninguno de los dos extremos les interesa conocerse, ya que descansan en el intermediario…

Hay ahora una tendencia creciente en que se haga cada vez más transparente la actividad bancaria, dando a conocer, al menos a los que facilitan los fondos, en qué se invierte, y tal vez quienes reciben los fondos podrían preocuparse por el origen de estos. Parte de esta tarea la ejercen los organismos reguladores. ¿Pero qué pasaría si se conocieran? ¿Estarían de acuerdo o tendrían algo que decir? ¿Qué pasaría si alguien quisiera vetar al otro? La posibilidad existe, y a la luz de tantos sucesos de corrupción y de inmoralidad, no sería de extrañar que pudiera ocurrir. Y podrían tener derecho, al menos, a estar enterados.

Según estudios, el 36% de la ciudadanía tiene en cuenta el impacto social y medioambiental de un producto en el momento de la compra. Por tanto, puede deducirse que no estarían de acuerdo con que el dinero que tienen en el banco trabajase en contra de esos criterios. De hecho, más de uno no aprueba algunas inversiones financiadas con su dinero. Por esto, junto a la necesidad de transparencia, ha surgido una corriente para establecer un nuevo tipo de intermediación indirecta, que quiere recuperar las ventajas de la directa, especialmente el destino de las inversiones.  Y, adicionalmente, pretenden financiar actividades que suelen quedar al margen de la actividad bancaria “habitual”: proyectos de tipo social, humanitario. Estos proyectos suelen ser marginados porque no tienen suficientes retornos económicos previsibles a corto plazo: no encajan en la clásica ecuación “rentabilidad-riesgo”. Así, quedarían postergadas innumerables iniciativas que podrían resolver necesidades de primer orden.

Muchas veces, el Estado asume estos proyectos, pero es por demás conocido que también ha tenido serios problemas en su ejecución, cuestionándose frecuentemente.

Han surgido así, los llamados “bancos éticos”, instituciones financieras que se comprometen a financiar con el dinero de sus clientes únicamente economía real, excluyendo actividades especulativas de iniciativas que compatibilizan viabilidad económica con una aportación positiva a la sociedad. No suelen dar créditos de consumo, aunque sí préstamos de desarrollo personal destinados a la compra de bienes de necesidad básica. Sus clientes pueden ver las iniciativas concretas que han recibido financiación, dónde se encuentran y el valor social, medioambiental o cultural por el que se les ha concedido crédito.

Procuran tener un equilibrio entre todas las partes implicadas: sus accionistas no pueden poseer más del 10% del capital total y no les interesa recibir un alto rendimiento por su dinero, sino saber que este financiará proyectos e iniciativas sustentables medioambientales, culturales, humanitarias y sociales. En definitiva, financiar a empresas con algún impacto positivo en el mundo.

Los bancos éticos van aumentando. Los hay en Holanda, Bélgica, Alemania y España. Aun cuando el nombre que se asignan a sí mismos, puede resultar equívoco o inducir a malas interpretaciones, ¿serán estos señal de un inicio de transformación en la banca?

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Testimonios

“La maestría superó mis expectativas en 200%. Realmente recibí más de lo que esperaba. En el desarrollo profesional me ha hecho dar siempre un paso […]

Giselle Larco Gerente de Unidad de Negocios Vida MBA PT 2007