Que no nos roben la esperanza

Jose Ricardo Stok
Director General del PAD
Publicado en diario Gestión el 24 de julio del 2018

Al hacer un recuento de los sucesos que le vienen ocurriendo al país, encontramos una variedad con extremos notables. Comenzaríamos con el fenómeno de El Niño costero, que fue un golpe duro para mucha gente, con fuertes daños en infraestructura. A comienzos de este año, recibimos la visita del papa Francisco, verdadero bálsamo de paz y esperanza. En los últimos meses, la alegría de participar del campeonato mundial de fútbol. Y ahora, en estas últimas semanas, un aluvión de nuevos y desagradables, ignominiosos casos de corrupción en el sistema judicial, nos golpea. El Poder Judicial que, precisamente, debe ser el garante de los principios básicos y fundamentales de la vida en común de los ciudadanos.

Entonces, parece que todo se derrumba: si la justicia está carcomida, ¿qué respaldo nos queda?, ¿qué garantías de seria y responsable institucionalidad tendremos? Y esto tiene repercusiones peculiares en cada grupo poblacional. Por ejemplo, frente a estos hechos, los jóvenes se desalientan profundamente; ven un país sin salida, que no les ofrece un futuro viable: si “todo” está mal, podrido, la tentación es emigrar a otras naciones. Los mayores, que con esfuerzo procuran salir adelante, con estas realidades sienten una gran decepción, y pueden dudar de su recto actuar: como dice el tango “Cambalache”, “el que no roba es un gil”. ¿Será este el camino por el que hay que ir? No será el mejor, pero es el más fácil. Las personas de la tercera edad observan todo este desfile de desastres con escepticismo, añorando tiempos pasados.

Parece que campea la corrupción generalizada en muchos ámbitos e instituciones: tanto en el estatal o público como en el privado. Pero afortunadamente no es así: no todo está perdido. Hay muchas personas que trabajan esforzadamente con honradez, superando adversidades, imponiendo sus valores a los vicios. Lamentablemente, esto no sale en los periódicos, no es noticia, aunque sea de las mejores noticias diarias, como el milagro de tener un nuevo día cada día. Y no son sucesos aislados ni extraños.

Que hay que combatir la corrupción es evidente, pero parece no ser sencillo. Como dice un colega, la corrupción no se combate con leyes, decretos o reglamentos; la corrupción se combate con virtudes. Es decir, con hábitos, repetición de actos operativos buenos. Si creemos que, con leyes, códigos de ética vamos a derrotar la corrupción, caemos en un error de ingenuidad: son importantes, pero no son en absoluto suficientes. Si los ciudadanos no tenemos virtudes humanas, laboriosidad, honradez, lealtad, alegría, sinceridad y un largo etcétera, podemos convertirnos en fantoches, que van por la vida como va un reptil, pegado a la tierra, sin miras altruistas. ¡Y no! No es posible que degrademos al ser humano de esta manera. Las virtudes se aprenden en la familia, luego se complementan y amplían en la escuela y en la vida laboral. Como nos dijo el papa Francisco en Trujillo: “No podemos dejarnos robar la esperanza”.

Por eso, no podemos desalentarnos, no podemos bajar los brazos: cada uno, en su puesto, en su sitio; el trabajador, el padre o la madre de familia, el estudiante… demos un ejemplo de actitudes honradas, honestas, con esfuerzo; sin duda, a contracorriente muchas veces, pero con la certeza de que así y solo así, arrinconaremos la corrupción. Con este sentimiento y una motivadora esperanza, ¡Felices Fiestas Patrias!

Volver

Testimonios

“El PCD me ha dado las herramientas adecuadas para manejar situaciones complejas con las que un profesional se enfrenta de forma permanente, es decir, aquellas […]

Carlos Alarco Gerente Comercial PCD 2010