El futuro de la felicidad: un enfoque disruptivo para vivir mejor el 2019

    Rafael Zavala
    Director de Relaciones Institucionales del PAD
    Publicado en la revista Semana Económica el 20 de diciembre de 2018

    El aumento exponencial de smartphones coincide con los niveles históricos más altos de depresión en el mundo. Charles Manson, autor de “The subtle art of not giving a f*ck”, uno de los 10 libros más vendidos del año en Amazon, dice que el mundo constantemente nos vende la idea de que la clave para una buena vida es ganar más dinero, visitar más países, o tener más experiencias. . . y postearlas. Y es que el único lugar en el mundo donde todo es felicidad parece ser el Instagram. La sociedad de hoy, a través del “oye mira, mi vida es más divertida que la tuya”, ha cultivado en las redes sociales (esos dispensadores gratuitos de emociones) una generación entera de gente que cree que es más importante hacer creer a los demás que es feliz que tratar de serlo.

    Yuval Noah Harari, autor de Best Sellers como Sapiens y 21 lessons for the 21st century, dice que somos más poderosos que nuestros antecesores pero… ¿Somos más felices? No lo parece. Comparando con lo que mucha gente soñaba en la historia, estamos en el paraíso, pero por alguna razón no nos sentimos así. Esto se explicaría porque queremos tener todo en cantidad, inmediato y sin esfuerzo. Y muchos de nosotros nos auto convencemos de que una vez que obtengamos lo que queremos seremos felices. Sin embargo, la felicidad real y duradera viene de una fuente completamente diferente. Mucha gente famosa dice: “No entiendo porque si tengo todo lo que quiero, sigo siendo miserable.” Y es que tener lo que quieres puede darte más placer pero no te hace más feliz.

    Más no siempre es mejor. De hecho, somos más felices con menos. Los más felices no son los que más tienen, sino los que ya son felices con lo que tienen. Cuando nos sobrecargan con opciones, sufrimos lo que los psicólogos llaman la paradoja de la elección. Mientras más opciones nos den, menos satisfechos nos sentiremos con lo que escojamos, porque estamos conscientes de todas las otras alternativas de las que estamos privándonos.

    Tenemos mucho más ahora pero ¿A qué costo? Gastamos más dinero y tenemos cada vez menos. El dinero puede comprar la diversión pero no la felicidad, el remedio pero no la salud, el lujo pero no la belleza, el nicho de muerte, pero no la paz interior. Tenemos casas más bonitas pero hogares más rotos, le damos like a todo pero a la vez nos cuesta sonreír muchísimo y pasamos más tiempo con pantallas que con personas.

    Sufrimos más porque no sabemos bien que es la felicidad o peor aún, confundimos que es lo que la genera. La vida no es solamente estar feliz, cuesta interiorizarlo. Nadie puede evadir los dolores, las muertes o el envejecimiento. La felicidad se basa en dos columnas, una es que no depende de la realidad sino de la manera de interpretarla y la otra es el sentido de propósito en la vida: acostarnos cada noche con la conciencia tranquila de saber que estamos haciendo lo que tenemos que hacer.

    Depende en gran medida, de la calidad de nuestros pensamientos. Esto implica aprender a concentrarnos y priorizarlos de manera efectiva, es decir, elegir lo que vale para nosotros y lo que no nos importa, tomando como base nuestros valores personales. Nada fácil por cierto. Lograrlo requiere una vida de práctica y disciplina, pero sin duda, es uno de los esfuerzos más valiosos que podemos realizar en la vida.

    El futuro de nuestra felicidad pasa por repensar nuestra relación con la tecnología, y definir cuando, donde, porque y como usarla. La esperanza está en la tecnología, sin embargo, la preocupación está en nuestra capacidad para administrar esa tecnología. No olvidemos que es solo una herramienta. No tenemos que estar pendientes de todo lo que pasa todo el tiempo.

    Si nuestro objetivo más importante en la vida es la felicidad, hoy es un buen momento para cambiar aquellos hábitos que nos alejan de ella. Es imposible ser felices solos. Estas fechas, desconectémonos de la tecnología, pongámosla en modo avión, y conectemos con nuestras emociones, con familia y amigos reales. Salgamos YA de la zona de confort. Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba con la rutina, es mortal! La mala noticia es que el futuro vuela, la buena, que tú eres el piloto.

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