La responsabilidad ética de los directorios

    José Ricardo Stok
    Director General del PAD
    Publicado en diario Gestión el 23 de abril del 2019

    La legislación peruana ha ido incorporando una serie de obligaciones a los directorios de las empresas, por ejemplo, sobre cohecho, lavado de activos y financiamiento del terrorismo (Ley 30424 y DL 1352), que imponen responsabilidades a la persona jurídica, así como a los directores y/o socios, a menos que se acredite tener un sistema de prevención adecuado.

    También hay exigencias sobre acoso sexual, con severos castigos (como la Ley 30314 y el DL 1410), obligando a los directivos a estar atentos a estas situaciones que afectan la dignidad de las personas.

    Son comprensibles estas exigencias. La corrupción, terrible flagelo que debemos erradicar, tiene muchas manifestaciones, y estas medidas contribuyen a que se ponga atención a ellas.

    Sin embargo, no debe bastarle a ningún director de empresa tener estos sistemas de prevención para dar por sentado que la ética se vive en su organización. Probablemente, sí lo sea con relación a robos, sobornos, y otras fechorías similares y variadas (¡es inmensa la capacidad humana cuando desea lograr una ventaja no permitida!).

    Los códigos de ética suelen ser eficaces al señalar otros aspectos, tales como vinculaciones de parentesco con proveedores o clientes, rotaciones de ciertos puestos,etc. También las llamadas líneas éticas, porque permiten que terceras personas hagan sus comentarios o denuncias. (La experiencia muestra que tan solo un tercio corresponde a denuncias de faltas de ética; el resto, a fallas en la atención y el servicio al cliente).

    No obstante, hay algunos aspectos en los que, tal vez, la mirada de los directores no llega, pero donde se cometen verdaderos abusos y faltas de moralidad. Por ejemplo, ¿sabe usted si su reclutador de personal pregunta si están embarazadas o lo van a estar a las mujeres que aspiran a un puesto? ¡Tremenda inmoralidad! ¡Es una amenaza, un atentado contra la dignidad de una mujer, como poner precio a una criatura! ¿Y los horarios que atentan contra la condición de madre?

    ¿Cómo actúa su área de logística? ¿Están prohibidos los obsequios? ¿Y los llamados viajes de capacitación que ofrece un proveedor del exterior? ¿Son siempre los mismos los que proveen, los quehacen horas extras, los que salen de comisión o logran capacitación? Un práctico principio es no dar nada por supuesto y mencionar todo con claridad: desconfíe si hay cosas que no se dicen, o se dicen parcialmente. No es imposible llegar a esos detalles; basta que cada cierto tiempo se pidan reportes sobre estos puntos.

    Es ingenuo pensar que porque uno sea buena persona lo serán también los demás. Tenemos el deber de conocer cómo se actúa en algunos puntos neurálgicos. En estos temas, los directores deben ir a contracorriente: “porque muchos lo hagan, no es regla de conducta”.

    Tal vez, alguien un poco desaprensivo señale que no hay ahora una ley que obligue en estos detalles. Pero se equivoca: sí hay una ley, imponente, inexorable: la de la conciencia, que todos tenemos inscrita en nuestra naturaleza, que es la que nos alerta ante posibles acciones indebidas y la que nos permite dormir tranquilos.

    Directores: hay que pasar de los discursos a los hechos; y hay que llegar a esos aspectos pequeños, tal vez, para la empresa, pero enormes para cada persona. Y, obviamente, si los directores no están bien formados, tendrán miopía: no verán estas cosas. No basta conocer solo los temas económicos o empresariales. ¿Se preocupa usted por prepararse adecuadamente para no perder de vista esos “detalles”?

     

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