Más allá del crecimiento: el desafío de las reformas estructurales hacia el 2026

El escenario económico del Perú hacia 2026 presenta una estabilidad macroeconómica que, aunque positiva, resulta insuficiente para sostener un crecimiento de largo plazo sin reformas estructurales. La continuidad del desempeño dependerá de la capacidad para ejecutar cambios concretos en institucionalidad, eficiencia del sector público e infraestructura, superando las limitaciones derivadas de diseños débiles y un entorno político fragmentado. En este contexto, el proceso electoral se configura como un punto de inflexión estratégico, donde la exigencia de planes de reforma claros, financiables y con cronograma definido será determinante para transformar la estabilidad actual en desarrollo sostenible.
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Más allá del crecimiento: el desafío de las reformas estructurales hacia el 2026

El 2026: oportunidad para las reformas

El desempeño macroeconómico del Perú ha logrado sostener ciertos indicadores que, en términos comparativos, resultan favorables. La estabilidad de la inflación, el crecimiento del PBI aunque moderado y el nivel de reservas internacionales son la base que ha resistido episodios de inestabilidad política.

Aun así, esos resultados no bastan para garantizar bienestar ni sostenibilidad. Mirar solo la coyuntura deja fuera problemas estructurales todavía sin resolver, factores condicionantes del desarrollo de un país. 

¿Es suficiente el éxito macroeconómico para sostener el crecimiento?

Los indicadores macroeconómicos pueden sugerir una trayectoria positiva, pero esa lectura no siempre refleja mejoras de fondo. El crecimiento observado cumple una condición necesaria, aunque no asegura continuidad ni consolidación en el tiempo.

En gran medida, esa continuidad dependerá de la capacidad para ejecutar reformas orientadas a fortalecer la institucionalidad, elevar la calidad del sector público y cerrar brechas en infraestructura física y humana. Sin esos cambios, el alcance del crecimiento seguirá siendo limitado. 

Reformas pendientes y resultados incompletos

Durante los últimos años se han impulsado reformas en distintos ámbitos constitucional, político, educativo, sanitario, judicial, laboral y tributario, aunque con resultados parciales y poco efectivos.

El problema no parece estar solo en la necesidad de reformar. Más bien, se vincula con el enfoque adoptado para su diseño y ejecución. Diseños débiles o implementaciones incompletas terminan diluyendo los efectos, dejando intactas las limitaciones de fondo. 

Tensiones políticas y ausencia de reformas de fondo

El entorno político tampoco favorece una agenda reformadora consistente. Desde un extremo, aparecen propuestas con atractivo inmediato, pero orientadas más a la disputa por el poder que a soluciones sostenibles.

En el otro extremo, predominan intereses particulares que buscan beneficios mediante la distorsión de las reglas existentes. El resultado, en ambos casos, es similar: las reformas necesarias siguen postergándose. 

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El costo de no reformar

No avanzar en reformas bien diseñadas tiene costos evidentes. Se limita el potencial de crecimiento y se retrasa la mejora en el ingreso por habitante, además de afectar la calidad del entorno institucional.

El diagnóstico, en realidad, está claro. Lo que no se ha logrado es convertir esa oportunidad en acción sostenida. Y ahí radica el problema. 

¿Qué debería exigirse a los partidos en el proceso electoral?

El entorno electoral abre, por eso mismo, una oportunidad que no debería desperdiciarse. Más allá de promesas generales, resulta necesario exigir a los partidos políticos definiciones concretas sobre las reformas que impulsarían.

Esto implica detallar su alcance, sus prioridades, su financiamiento y el cronograma para hacerlas viables. En este punto, la discusión adquiere una lógica de planificación estratégica, donde la claridad en la ejecución resulta tan relevante como el diseño.

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La urgencia de reformar el sector público

Un punto crítico es la necesidad de una reingeniería del sector público. Las deficiencias actuales abarcan su organización, su dimensionamiento, la calidad de su gestión y sus mecanismos de gobernanza.

En estas condiciones, el sector público difícilmente podrá resolver los problemas de fondo sin cambios progresivos. Esta situación también incide en la calidad del gobierno corporativo del entorno institucional.

El verdadero reto del 2026

Hacia el 2026, la discusión no pasa únicamente por proyectar tasas de crecimiento. El foco está en la capacidad del país para avanzar en una agenda de reformas que permita sostener los resultados alcanzados.

Desde la perspectiva de la gestión de empresas, esto exige una lectura más exigente del contexto. Los indicadores actuales no constituyen un punto de llegada, sino una base cuya continuidad dependerá de decisiones todavía pendientes.

 El artículo original ha sido replanteado en formato de preguntas y respuestas para una mejor difusión.

El artículo original puede encontrarse en el siguiente enlace: https://elcomercio.pe/economia/opinion/la-economia-peruana-en-el-2026-oportunidad-para-las-reformas-por-juan-jose-marthans-economia-peruana-opinion-noticia/"

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